Roberto Gonzalez de Viñaspre: “La toponimia tiene un evidente interés práctico y está estrechamente relacionado con la dignidad y la normalización del euskera.”

El 23 de febrero de 2018 Roberto Gonzalez de Viñaspre fue nombrado miembro de número de Euskaltzaindia (Bilbao, 1961). Nacido en Bilbao, durante tres décadas ha vivido en Treviño y ha dedicado a este la mayor parte de su trabajo e investigación. Experto en toponimia histórica, ha combinado trabajo, investigación y emprendizaje. Dos de sus más destacadas publicaciones han sido dedicadas a Treviño: Trebiño: Claves para un contencioso inacabado (Txalaparta, 1999), en el cual hace un recorrido histórico al contencioso de Treviño y Viaje hacia Ibita: Estudios Históricos del Condado de Treviño (Ayuntamiento de Condado de Treviño, 2012), en el que se recoge el congreso organizado con motivo del 850 aniversario de la Villa de Treviño.

Con motivo del nombramiento de Euskaltzaindia, hemos tenido la oportunidad de estar con González de Viñaspre.

Iturria: www.euskaltzaindia.eus

En primer lugar, felicidades por el nombramiento y reconocimiento recibido. El 4 de mayo de 2019 leíste el discurso para tu nombramiento como miembro de número de Euskaltzaindia en la iglesia de San Pedro de Treviño. El acto reunió a miembros y colaboradores/as de Euskaltzaindia, a numerosos/as representantes institucionales, así como a agentes que han trabajado por el fomento del euskera en Treviño. ¿Qué supuso para ti este evento en el ámbito profesional y personal?

Desde el punto de vista personal, fue realmente satisfactorio poder celebrar el acto precisamente en Treviño y poder leer la conferencia ante los/ treviñeses/as y en euskera. La elección de dónde celebrar el acto corresponde al nombrado miembro de número de Euskaltzaindia y no tuve ninguna duda. Tanto mi corazón como mi mente me obligaban a hacerlo en la tierra donde he estado más de la mitad de mi vida. Además, parte de mis referencias familiares se sitúan entre la Montaña Alavesa y Condado de Treviño –en general, en el sur de Álava- ya que son de ahí mis raíces paternas. La motivación por aprender euskera me surgió muy joven, y me despertó la curiosidad por el euskera de aquellos antepasados alaveses. ¿Cómo era aquel euskera que se hablaba no sólo en el Condado de Treviño, sino también en la Montaña Alavesa? ¿Cuándo se perdió? Mi mayor actividad investigadora va en esa línea. Los nombres de los lugares ofrecen mucha información y la toponimia histórica es una herramienta útil para ayudar a responder a estas preguntas. Realizo investigaciones en torno a la toponimia de toda Álava, dentro de la cual la del Condado de Treviño tiene un lugar especial para mí. Por todo ello decidí que el acto de entrada fuera en Treviño.

¿Cómo se trabaja entre interpretaciones y hechos? Vocación, obsesión, hobbie, ¿qué es para ti la investigación onomástica?

Investigar la toponimia es vocacional en mi caso. Es afición, no profesión. Los motivos que me han llevado a ello son los que he mencionado anteriormente. Pero el valor de la toponimia no es sólo una especie de curiosidad histórica. Tiene un evidente interés práctico y está estrechamente relacionado con la dignidad y la normalización del euskera. Y es que la toponimia es un patrimonio cultural transmitido de generación en generación y un elemento a preservar. Para ello hay que regular y oficializar los nombres de los lugares. En los territorios en los que el euskera ha desaparecido a lo largo de la historia, como es el caso de la mayor parte de Álava, los nombres en euskera se han distorsionado a menudo como consecuencia de la pérdida de su lengua de origen. En estos casos hay que recuperar formas completas. En esta tarea es imprescindible analizar la documentación histórica de cada lugar para conocer las formas que la ciudadanía utilizaba entonces. La regulación debe basarse en evidencias contrastables, no en creencias. Se trata de utilizar estos nombres regulados en mapas, señales y, en general, por escrito, siempre que no se alejen demasiado del uso oral actual. En definitiva, junto con el objetivo de proteger el patrimonio cultural, los nombres de lugar deben seguir siendo prácticos y útiles en la actualidad.

¿Cuáles son y de cuándo son los testimonios que demuestran que en Treviño se hablaba euskera?

La toponimia es una fuente de información imprescindible para la geografía histórica del euskera, es decir, para saber dónde y cuándo se hablaba en euskera. En todo lugar y momento histórico los/as hablantes suelen poner nombres a los campos, fuentes, colinas del entorno físico cercano… Y obviamente, si los nombres de los lugares son en euskera, es señal de que sus vecinos han sido alguna vez euskaldunes. En general, la toponimia histórica del Condado de Treviño muestra que hasta el siglo XVIII predominan los nombres en euskera, sobre todo en el centro-este. Sin embargo, los datos indican que el euskera debió haberse perdido para el siglo XVI en la mayoría de los pueblos de la zona occidental del Condado, y es de suponer que ya se había perdido en la capital Treviño. En el oeste los nombres en euskera tienen menor densidad a partir del siglo XVI, y comienzan a desfigurarse sistemáticamente en la documentación histórica. Esta realidad pone de manifiesto que para entonces los nombres vascos eran incomprensibles para los hablantes locales. Se trata, por tanto, de una constatación evidente de la interrupción de la transmisión entre generaciones y de la pérdida del euskera como lengua de comunicación.

¿Qué factores provocaron la desaparición del euskera en Treviño?

El historiador alavés Joaquín José Landázuri escribió a finales del siglo XVIII sobre su preocupación por el debilitamiento del euskera en Álava. Testigo directo de la pérdida: “se va extinguiendo el bascuence, pues los viejos hablan este idioma y sus hijos no lo entienden”.

Para entonces el euskera se había perdido en los últimos pueblos orientales del Condado de Treviño. El propio Landázuri decía cuáles eran, a su juicio, las dos razones principales del retroceso del euskera: la primera, la introducción en los pueblos de curas que no sabían o rechazaban hablar en euskera; la segunda, la relación obligatoria y habitual con los castellanohablantes. Estas razones explicarían también la situación del Condado de Treviño.

Sin embargo, había una tercera razón, aunque no la mencionaba Landázuri, bien documentada: la política lingüística aplicada durante el reinado de Carlos III, en concreto la cédula real de 1768, que obligaba a tener la enseñanza de las primeras letras en castellano. El euskera estaría fuera de la escuela. El jesuita Agustín Kardaberaz relata en su libro Euskeraren berri onak, escrito en 1761, la queja de un capitán alavés sobre el comportamiento de los maestros de escuela: “nola Euskal Herrietan umeen haziera ona eta behar den dotrinarik izango da, baldin euskara hondatzeko ahalegin guziak egiten badira, eta gure mutiltxo edo haurrei beldur eta azoteekin euskeraz hitz egitea eragozten bazaie?” [“¿cómo va a haber en los pueblos de Euskal Herria una buena educación para los niños y la doctrina necesaria si se hacen todos los esfuerzos para destruir el euskera y se impide a nuestros chicos o niños hablar en euskera con miedos y azotes?”.

A día de hoy no disponemos de testimonios específicos del Condado de Treviño, pero es de suponer que no estaría lejos de la situación general de Álava. Al fin y al cabo, siendo la iglesia y la escuela los principales lugares de prestigio de la sociedad de entonces, su rechazo supuso la pérdida de prestigio del propio euskera y, establecido como estigma, los/as padres y madres interrumpieron la transmisión del euskera a sus hijos/as.

¿Qué influencia tiene la no oficialidad del euskera en la situación actual y desarrollo futuro del euskera en el Enclave Treviño?

El euskera no tiene ningún reconocimiento oficial por parte de la Administración de Castilla y León. Es una realidad lingüística sin protección. Consecuencia de esta negación es la invisibilización de los euskaldunes (del euskera) en las estadísticas oficiales. Afortunadamente, hay resultados de estudios sociolingüísticos realizados por el Gobierno Vasco hasta 2012. El 22% de la población total de los dos municipios del Enclave somos euskaldunes y otro 17% entiende el euskera. Sin embargo, no hay datos de los últimos ocho años, lo cual es preocupante, porque aleja al Enclave de Treviño del ámbito de la normalización lingüística de Álava. Los vecinos del Enclave realizamos la mayor parte de nuestra vida en Álava y tenemos acceso a los servicios en euskera. Y la no oficialidad es evidentemente un inconveniente añadido. La ikastola de Arganzón es un claro ejemplo de ello, pero también en este caso la perseverancia y la energía muestran por dónde abrir el camino. El presente y el futuro del euskera es responsabilidad de los propios euskaldunes, de nadie más, tanto en Treviño, como en toda Euskal Herria. Depende de que utilicemos o no el euskera, de que vivamos o no en esta lengua. La falta de reconocimiento oficial del euskera en Treviño es injusta y dolorosa, pero mantenerlo vivo es responsabilidad de todos/as nosotros/as. Eso es lo principal, sin excusas.